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Uniendo pueblos
a ritmo de cata

IV Cata de las embajadas / Eslovaquia (CRM)

Se abre el telón. La noche es joven y empieza con un tempranillo, como mandan los cánones. La ciudad se ha vestido de gala y la calle Serrano afila su nariz para una nueva edición del evento de moda en la capital. El color blanco se entremezcla con el rojizo en un baile de copas diplomáticas mientras las banderas unen sus trazos en los balcones del número 25. La Rioja y la República de Eslovaquia nunca habían estado tan cerca. Para ser exactos, a una mesa de distancia.

Que resuenen los tambores y repiquen las cornetas. Apaguen sus teléfonos móviles y enciendan sus sentidos. Rupérez está ‘’in da jaus’’.

Una noche más, el centro riojano de Madrid volvió a acercarnos a culturas que no son tan lejanas. Mientras corren estos tiempos que nos asfixian mediáticamente y algunos pretenden construir muros para proteger sus complejos, otros abrimos nuevos caminos hacia tierras regadas por aspersión con el elixir de Baco.

La República de Eslovaquia era la protagonista en esta ocasión, y su embajador Vladimir Grácz nuestro nexo con esta región vitivinícola tan desconocida en nuestro país. José Antonio Rupérez, hacía de maestro de ceremonias una vez más, demostrándonos cómo es posible viajar mientras te bañas en el fondo de una copa de cristal.

Un evento que se ha convertido en referente de la noche madrileña, jueves que saben a diplomacia, cultura y, por supuesto, al mejor vino internacional.

El CRM ha conseguido demostrar que la cultura del vino es una cultura integradora que no conoce de fronteras, nacionalismos ni banderas descafeinadas. La cultura del vino es una cultura que une pueblos y mezcla identidades, para sentar en la misma mesa ideas que en el día a día pasan por la calle sin saludarse.

Esperemos seguir disfrutando de estas catas internacionales, y esperemos que el vino siga siendo más fuerte (no hablamos de la graduación) que los muros.