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Veteranos piratillas y grumetes prometedores

Con esta película acudimos a un caso similar al que ocurrió con la primera entrega de Piratas del Caribe (2003), con Transformers (2007) o con La Isla (2005). El compositor de la banda sonora de la quinta entrega de las aventuras de Sparrow y compañía es Geoff Zanelli, que ha trabajado como discípulo de Zimmer en películas como El Último Samurái (2003), Pearl Harbor (2001). Zimmer le conoció en el año 1994 y le invitó a su pequeño grupo de jóvenes compositores. Desde entonces, Zanelli ha ganado un Emmy por la banda sonora de Into The West (2005), la miniserie de Steven Spielberg, y ha escrito las bandas sonoras de Disturbia (2007), Hitman (2007), Outlander (2008).

Así como ocurrió con Piratas del Caribe: La Maldición de la Perla Negra, cuya banda sonora fue finalmente acreditada a Klaus Badelt en lugar de a Zimmer, porque éste finalmente no tuvo tiempo para escribirla; o en Transformers, y en La Isla, de Steve Jablonsky, en la película que hoy nos ocupa ocurre exactamente lo mismo. Como alumno de Zimmer, Zanelli mete cabeza en esta franquicia, adaptándose a la sonoridad, armonías e instrumentaciones que Zimmer ha asentado de manera tan efectiva durante las anteriores entregas, mejorando y perfeccionando el trabajo de Klaus Badelt.

La crítica profesional le otorga a esta película calificaciones que rondan el 4 sobre 10. Y no me extraña. Y es que ya huele un poco a herramienta de recaudación más que a continuación lógica de la historia de Sparrow y todo aquél que se cruza en su camino. Y digo esto porque, como ha ocurrido anteriormente, es más barato contratar a un alumno de Hans Zimmer y que escriba una banda sonora que probablemente suene si no igual, muy similar a como la haría el maestro.

Escuchando la banda sonora, que, por cierto, a nivel musical y sonoro tiene mucha calidad, se hace evidente de dónde sale este chico. Los ritmos, las cadencias y las melodías están muy bien reproducidas desde las primeras músicas, sin llegar a copiarlas. Aquí nadie ha descubierto Troya, porque en las anteriores secuelas se viene haciendo lo mismo. Por tanto, queda al final una película musicalmente potente, pero que ya viene cansando un poquito. Se ve que la banda sonora rellena los huecos que dejan los temas originales de Badelt y los escritos por Zimmer.

Si bien es verdad que a nivel argumental, la introducción de temas aparecidos en entregas anteriores ayuda con eficacia a redondear el guión e introducirlo dentro de un universo musical ya asentado, el guión musical cae al mismo pozo que el resto de la película: lo mismo de siempre, pero diferente.