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Analizando el mundo desde mi cerveza

Hace muchos años que el tomar algo con alguien en un bar no es, para mí al menos, solamente beber y hablar de lo que surja. Esta noble, y amada por mi persona, práctica suele ir acompañada por un análisis exhaustivo, despiadado y, porque no decirlo, etílico, en el que destripo sin piedad las prácticas, en mi opinión, estúpidas y totalmente inexcusables de los que me rodean. Nos rodean. Os rodean.

Y ayer, con una gran nueva amiga, descubrí que no estoy solo en este hobby. Ella, como yo, disfruta del placer de ver de cerca este grupo de descerebrados y, como el que habla del tiempo, lanzar preguntas al aire tales como: ¿te imaginas lo grande que sería ahora un apocalipsis zombie, y tener que liarnos a machetazos con toda esta gente?, a lo que primero me puse muy cachondo, y segundo comencé a numerar los diferentes tipos de grupos que tenían la mala suerte de compartir bar con nosotros.

Tipos que, ahora, paso a numeraros y describiros “brevemente”:

_ Los mira cuantos tattoos tengo, y por lo tanto soy muy molón, y por favor pídeme otro Nestea. Esta subespecie humana, caracterizada por creerse el típico personaje de película que va cubierto de tatuajes y, por ende, ya es un malote al que hay que respetar y que nadie puede ni toser, son un cáncer de los potentes en nuestro mundo, y no solo porque colocan el hecho de tatuarse algo, de dejar plasmado en tu piel un concepto que estará contigo para siempre, a la altura de comprarse cromos o cuadros bonitos de los que fardar llegado el momento, sino que encima se han adueñado poco a poco de la opinión global que dice que ellos son los únicos que saben hacerse tatuajes, y no esos motoristas/músicos/artistas/cualquier persona que no se tatúa un rosario o una frase de un poema solo porque es “guay”. Que sí, también existen entre los que he nombrado como ejemplos gente que vive del postureo y el aparentar antes que el ser, pero por suerte en estos círculos se les caza rápido y, sin dilación, se les expulsa lejos, muy lejos, donde no sean un pequeño germen que rompa la estabilidad de lo auténtico.

_ Los estoy tan bueno/a que no se mirar a los demás de otro modo que no sea con asco, superioridad o desprecio. Este grupo es el que antes cae por su propio peso a la hora de no ser aceptados, y los que casualmente más se quejan por la mala suerte que tiene de que nadie les tome en serio solo por estar buenorros que te cagas y ser mejores que tú en casi todo. Este grupo tienen muy claros sus objetivos: vivir del puto cuento y, a poder ser, de la pareja, pero sin dejar de gritar a los cuatro vientos que ellos se han ganado lo que tienen con esfuerzo, como si ir al gimnasio y ponerse en forma, solo físicamente, fuera motivo suficiente para que tomemos en serio a alguien que antepone la imagen de los que le rodean, y la suya propia, a todo lo demás.

_ Los hazme caso, que yo sé más que tú que he vivido mucho. Estos suelen ser los que a la hora de contarte anécdotas, y profundizar en ellas, te encuentras con que lo más arriesgado que han hecho ha sido correr por un aeropuerto porque llegaban tarde a coger un vuelo. También suelen darle énfasis a situaciones pasadas que, analizadas con calma, descubres que no son más que “problemas de ricos” que solucionaron con la ayuda de terceros sin haber gastado ni una gota de sudor en el proceso. Como, por poner un ejemplo que me golpeo en la cara, los que te cuentan que perdieron un tren, y que se solucionó el problema porque su padre cogió un coche, condujo casi cuatro putas horas para recogerles y, luego, otras cuatro para devolverle a casa. Y después nos extrañamos de que los inventos de Regreso al Futuro no hayan llegado todavía…

_ Los llevo una camiseta de los Vengadores o de Slayer compradas en el Zara o Primark. A estos los empujaba al fondo de un pozo lleno de agua infestada de cadáveres de ratas y por cada grito que expulsaran por sus inútiles bocas les lanzaría un nuevo cubo repleto de escorpiones rojos del Sahara (que si no existen soy capaz de inventarlos). Poco más puedo decir.

_ Los este bar es mío y voy a gritar como si estuviera en mi puto salón. Este va a ser más corto que el punto 4, porque su sola descripción ya habla suficiente de ellos.

Hay mil tipos más, millones, incluso algunos en los que quizá hasta me meterían a mí sin pensárselo, y me parece bien, porque no hay nada más sano en el mundo que tener deseos de matar a todos los gilipollas que te rodean y no hacen otra cosa que hincharte los huevos con su actitud. Porque hay veces en las que apetece mandarlo todo a la mierda y encerrarse en una cueva con tal de no tener que soportar las hordas de dementes y personas totalmente desechables que por desgracia pueblan nuestro planeta.

¿Una solución?, quizá hacer caso a películas como La Purga, o inventar algo para meter al máximo posible de esta gente en un mismo sitio y presionar el botón indicado.

No sé, ¿alguna idea más?

+ REFLEXIONES DESDE MI...

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