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Blog de Tendencias de Manuel Gris: La música como una moda post image

La música como una moda

Hacía mucho tiempo, un tiempo que he disfrutado como nunca, que no me encontraba en la calle con un insulto tan enorme y directo, tan repugnante y, por desgracia, normalizado, como el que el otro día se colocó delante de mí con una sonrisa de tranquilidad y un café del Starbucks en las manos.

Y tranquilos porque no le solté una hostia; por desgracia no estábamos en medio de un pogo.

El espécimen, hijo de las Kardashian y de la M-TV, llevaba uno de esos pantalones vaqueros a lo “neopreno” que tan de moda están, y cuya estrechez unida al calor que ese espanto crea en los testículos los dejará estériles gracias a Dios, conjuntados con una camiseta de Iron Maiden gastada artificialmente y, me pareció observar, con alguna rotura en las mangas.

Yo llevaba una de Slayer, y quizá por eso el chico me miro, desde el otro lado del paso de cebra, con un gesto de culpa, como cuando un perro se come su propia mierda tras mil millones de veces de decirle que no lo haga, así que no se me ocurrió otra cosa que saludarle, de lejos, y cuando le tuve a mi altura le enseñé mi dedo corazón con todo el amor que las ganas de partirle la boca me pudieron regalar.

El chico lo acepto de muy buena gana, seguramente porque no le quedó otra.

De entre todas las tonterías que puede llegar a hacer el ser humano, después de servir coliflor a los niño, se encuentra la total falta de respeto por los demás y por sus gustos, hasta el punto de apropiarse de símbolos de grupos que solamente viven su vida sin hacerle daño a nadie (a no ser que estés en un pogo; en ese caso te jodes si te duele).

La cultura del heavy metal, como bien dice Andrew O’Neill en su libro La Historia del Heavy Metal (Blackie Books), es la que sufre los insultos más directos, y a veces silenciosos, de los mal llamados “normales”. Ya sea señalándonos como ejemplos de personas violentas (no te metas en un pogo, y ya está), a drogadictos (bueno, vale, ¿pero hablamos del tecno y el festival TomorrowLand?), adoradores de Satán (y a mucha honra), o directamente guarros y sucios (eso es más insultante para los punkis, pero bueno), por el simple hecho de que es fácil hacerlo, pues nos suda completamente la polla lo que se diga.

Nosotros tenemos nuestra música, nuestras conversaciones y hobbies, y lo que los demás digan desde la completa ignorancia no es más importante que los cabezas de cartel del próximo Wacken o GrasPop. Por eso, seguramente, ha sido tan sencillo, para los que les falta imaginación, pero no cojones, para robar descaradamente, empezar a comercializar camisetas e indumentaria, que no es que nos pertenezca por derecho o sea pecado ponerse si no eres Heavy, es que es solo una cuestión de respeto, sentido común e inteligencia, porque ponerse una camiseta de Motörhead para irse a Pacha o a Ibiza de fiesta (por mucho que a Lemmy le hubiese gustado meterse de todo rodeado de rubias tontas), o una de Inmortal conjuntada con un pantalón “neopreno” que le daría a Abbath suficientes motivos para prenderle fuego a tu puta casa, es simplemente algo que cualquier persona con gustos propios o un mínimo conocimiento de lo que es la cultura no haría ni hasta arriba de LSD (quizá Lemmy sí lo haría, pero a él se lo hubiésemos perdonado todo <3).

Hace poco un muy buen amigo me dijo que la sociedad actual se está acercando irremediablemente y sin ninguna solución a la putísima mierda, porque el número de personas gilipollas y sin ganas siquiera de dejar de serlo está aumentando exponencialmente al mismo ritmo que las series de sobremesa, los libros entretenidos o las bandas tributo, y eso es algo que está violando sin condón y hasta el fondo a la cultura, que es a la que deberíamos reverenciar y cuidar en lugar de algún futbolista pastoso o político retrasado o chica/o del que estás enamorado/a y pasa de ti.

Los seres humanos, poco a poco y sonriendo como vacas hindúes, estamos cavando una tumba tan grande y en la que van a caber tantas de nuestras mayores virtudes (inteligencia, imaginación, curiosidad, ganas de crecer, el arte del amor), que cada vez que hablan de arreglar el medio ambiente me entran ganas de comprarme cinco mil millones de botes de laca y abrirlos a la vez en medio de una tasco de camiones cerca del polo norte, porque merecemos morir, extinguirnos, y que al menos los animales puedan seguir con sus vidas lejos de nosotros y nuestra curiosa forma de relacionarnos entre nosotros.

Ahora, si me lo permitís, tengo que terminar la mochila para ir al  de Madrid, donde Ozzy Osbourne, Kreator, Thrice, Judas Priest, Bullet For My Valentine o Aphonic (entre muchísimos otros), me esperan.Larga vida al heavy metal!!!!!!!

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